encuentro con familiasEn un diálogo abierto, un grupo de familias adoptivas y acogedoras conversamos con José Ángel Giménez Alvira y Carmen Julve a partir de la conocida historia de su hijo adoptivo que recogen en el libro ‘Indómito y Entrañable. El hijo que vino de fuera’.

Con la sencillez y cercanía de su relato tratan de dejarnos claro que ellos no son héroes, ni mártires, ni maravillosos, sino una familia como cualquiera de nosotros.

La vida pone las cosas en su sitio y se abre como una gran oportunidad también para nuestros hijos e hijas adoptados o acogidos, aunque su infancia y adolescencia hayan sido complicadas y difíciles.

Hoy su hijo es un adulto que este año cumple cuarenta años, está casado y tiene una vida feliz, convertido en un profesional competente y activo, como él tantas veces deseó desde pequeño y que alguna vez dudó que pudiera ocurrir.

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Nadie daba un duro por mí

Y en primera persona, aunque no estuvo presente, conocimos el testimonio de Marcos que se incluye en el libro titulado ‘Siete Vidas tiene un Gato’, en el que nos cuenta sus impresiones, su trayectoria y su realidad actual, ya desde su perspectiva y reflexión como adulto.

Cuando yo era adolescente nadie daba un duro por mí. Sin embargo, ¡ aquí estoy! Todo esto no hubiera sido posible si la ayuda de mis padres y de mi mujer. Ellos apostaron por  mí, por encima de todo  aguantaron lo que nadie sabe. Este es el mensaje fundamental que os quiero traer hoy aquí.

Es importante darles tiempo para la creación del vínculo familiar, para que nos reconozca como padre y madre, y para que nosotros lo integremos como un miembro de nuestra familia. En definitiva, para que surja ese sentimiento de pertenencia mutua.

Cuando vamos a la adopción hay que estar preparado para todo lo que pueda pasar, atender las necesidades de los hijos e hijas como cualquier padre y madre. Lo que ocurre es que muchas veces nuestros hijos e hijas tienen unas necesidades distintas y especiales que tenemos que atender.


Nuestro hijo era un superviviente

Debemos ser conscientes de la gran cantidad de cambios que se producen en los primeros momentos de la convivencia y que a nuestros hijos e hijas les cuesta mucho acostumbrarse a su nuevo modelo de vida, tienen que  enfrentarse a hábitos y rutinas que no forman parte de su aprendizaje previo.

A veces nuestros hijos pasan proceso complicados, difíciles. Nuestro hijo vino con 10 años a casa, él ya se lo sabía todo, se había defendido solo en la vida. Era un superviviente, había salido adelante con su esfuerzo, peleando contra todos y contra todo, nadie le había regalado cariño ni un poco de afecto. Y este mundo para él era pelea, enfrentamiento y violencia. Por eso cuando vino a nuestra casa todo era pelea, enfrentamiento y violencia, porque no sabía hablar de otra manera, ni sabía hacerlo de otra manera.


La adopción es un proceso de aprendizaje mutuo

En este sentido es muy gratificante y enriquecedor el testimonio de esta familia adoptiva que nos muestra cómo la adopción de un hijo o hija es un proceso de aprendizaje mutuo.

Nuestro hijo nos ha enseñado muchas cosas importantes: nos ha enseñado la lealtad, el coraje de vivir, a salir adelante como sea, a enfrentarse a lo que haga falta…


El papel de las madres

Nuestro hijo era muy cariñoso con José Ángel, “con él era era todo mimo pero conmigo era muy agresivo. Incluso llegaba a decirme que yo sobraba. Posiblemente a las madres que estáis aquí os pase lo mismo pero vosotras no tenéis que pensar que los comportamientos de rabia y agresión que vuestro hijo tiene va contra vosotras. Tenéis que decir: esto no va conmigo, esto no es para mí.


Sobre las expectativas y los síntomas

Aunque cada situación familiar es distinta, en algunos casos los problemas surgen al llegar a la adolescencia, y es muy importante que en esta etapa del desarrollo de nuestros hijos e hijas los padres y las madres tengamos una actitud de escucha para entender sus conductas.

Nosotros como cualquier padre y madre teníamos expectativas con nuestro hijo… Nos desengañados a los cuatro días de tenerlo en casa, dejamos en blanco nuestras expectativas y dijimos: vamos a escuchar qué nos dice. Porque nuestro hijo con sus comportamientos nos está diciendo cosas.


Algunas claves

Y ante las dudas y preocupaciones de las familias, José Ángel nos ofrece una serie de mensajes que nos ayudan en la educación de nuestros hijos e hijas:

  1.  La paternidad y la maternidad son irreversibles, y eso no se cuestiona.
  2.  Ponerle límites, pero con un objetivo a largo plazo.
  3.  Darles un ejemplo de coherencia con nuestras vidas y nuestras acciones.
  4. No perderles nunca el respeto.
  5.  No nos debemos dejar llevar nunca de la compasión.
  6.  No engañarles nunca.
  7. No exigirles que lleven nuestro ritmo.
  8. No dar nunca un ultimátum. ¡Si haces esto, te va a pasar esto otro!
  9. Confianza y persistencia.

 

Las familias nos preocupamos mucho sobre el futuro de nuestros hijos e hijas y ante esto J. Ángel y Carmen nos transmiten un mensaje de esperanza:

Si en un momento determinado hubiéramos podido mirar por un agujero y  ver cómo está nuestro hijo hoy en día. ¡Qué tranquilo nos hubiéramos quedado! Hubiéramos dicho, ¿será posible?

¡Es posible! ¡Hay esperanza!