José Luis Gonzalo Marrodán, psicólogo clínico, plantea la necesidad de ampliar la mirada «patográfica» en la infancia y adolescencia. Examina cómo el sufrimiento de niños y niñas, consecuencia de una afectación temprana en el neurodesarrollo; del déficit en los cuidados tempranos, o de experiencias adversas, puede tener múltiples expresiones patológicas, distintos diagnósticos que pueden variar a lo largo del tiempo. Y hace hincapié en que «poner el foco de atención solo en el trastorno nos hace perder una mirada más amplia y comprensiva sobre el sufrimiento de estos niños, niñas y adolescentes».

«La vulnerabilidad neurobiológica de niños y niñas con Trastorno del Espectro Alcohólico Fetal va a influir después en el establecimiento del vínculo de apego. Un cerebro afectado por el alcohol, tiene alterado las zonas donde se procesan las emociones, sus mecanismos de respuesta al estrés están muy alterados, lo que se manifiesta después en un niño y niña muy irritable, hiperactivo, con mucha más excitabilidad. Esto va a generar que el establecimiento del vínculo de apego haga necesario que padres y madres adoptivos o acogedores tengan que hacer un trabajo suplementario y extra para conseguir dar a sus hijos e hijas la experiencia de confort y seguridad, que es la función principal en el apego».