Poco después del nacimiento, las típicas interacciones de “servir y devolver” que ocurren entre los niños pequeños y las personas adultas que los cuidan afectan la formación de las conexiones neurales y el circuito del cerebro en desarrollo. En los siguientes meses, en la medida en que los bebés buscan una mayor participación mediante balbuceos, lloriqueos y expresiones faciales – y los adultos “devuelven el servicio” respondiendo con vocalización y expresividad similares – estos intercambios recíprocos y dinámicos literalmente moldean la arquitectura del cerebro en desarrollo. En contraste, si las respuestas de los adultos no son confiables, o son inapropiadas o simplemente no se producen, los circuitos del cerebro en desarrollo pueden verse perturbados y se perjudican el aprendizaje, el comportamiento y la salud subsecuentes.

Autoría: Centro de Desarrollo Infantil de la Universidad de Harvard

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