En un estado de enfado el niño o la niña no tiene ningún sentimiento de cercanía con el padre o con la madre. Además, es un fenómeno que se refuerza por sí solo en las familias. Cuando el niño reacciona de forma airada hacia su padre o su madre, a veces la respuesta es de rechazo y castigo. En ese caso, la parte disociada del niño percibe la postura crítica de rechazo de los padres, pero la desaprobación de estos significa muy poco para ese estado disociado ya que esa parte del yo, para empezar, siente muy poco apego1