La adopción no es un trastorno a pesar de cómo se habla de las personas adoptadas. No es una patología ni presupone categorías diagnósticas. La población adoptiva es dispar, no es homogénea y no responde a un patrón definido. Sus itinerarios son diferentes aunque tengan experiencias y vivencias comunes. Sus vivencias previas al abandono, los recursos con los que vivieron antes de ser adoptados, los sistemas de protección que les recogieron del abandono, sus capacidades personales, las secuelas del abandono, del maltrato o de la institucionalización pueden ser muy diferentes pero todas las personas adoptadas tienen en común haber sido abandonadas. Este abandono previamente surge de condiciones de vida muy adversas donde la negligencia, los malos tratos, los abusos y otras penalidades son vivencias cotidianas que conforman el desarrollo y las estructuras de personalidad. La experiencia del Servicio Arlobi-Adoptia de Atención psicosocial de Agintzari nos demuestra que en todos estos aspectos la situación de las personas adoptadas es realmente difícil y complicada. Muchas personas adoptadas proceden de situaciones donde el maltrato en sus diferentes versiones (negligencia, desatención, malnutrición, violencia, alcoholismo fetal…), la institucionalización prolongada por unos sistemas de protección infantil con escasos recursos y capacitación y en edades tempranas, generan desde daños físicos a secuelas físicas duraderas que suelen tener buena evolución durante los primeros años de adopción. En lo relacionado con la salud física hay buenos procesos de reparación y nuestra sanidad hace milagros.

Autoría: Javier Jesús Múgica Flores y Alberto Rodríguez González
Edita: Adoptia  Agintzari
Accede al documento