La tecnología avanza, pero la decisión de cómo integrarla en nuestras vidas sigue siendo nuestra. Como familias, somos quienes marcamos el rumbo. La inteligencia artificial no es inocente, y no basta con prohibirla, ya que nuestros hijos e hijas buscarán otras formas de usarla. Tampoco podemos darle vía libre sin más, como si no tuviera implicaciones.