Edward Tronick, psicólogo del desarrollo estadounidense mejor conocido por sus estudios sobre bebés, realizó en la década de 1970 un experimento denominado El juego del rostro inmóvil. La investigación pretendía profundizar en el sistema bidireccional de comunicación afectiva entre los bebés y sus cuidadores principales. Esa conexión humana, que crea el apego entre el bebé y su cuidador principal, es imprescindible para un correcto desarrollo emocional. Tronick pidió a las madres que miraran a sus bebés, pero que mostraran una expresión neutra, que reprimieran el impulso de mover sus rostros y responderles de forma juguetona como solemos hacer.La principal conclusión es que el bebé hará lo posible por obtener respuesta, incluso a la edad tan temprana de tres meses, y que muestran su malestar cuando la madre no interactúa con él.

 Edward Tronick, director de la Unidad de Desarrollo Infantil de UMass Boston