La adaptación escolar en niños y niñas de acogida o adopción: acompañar desde el vínculo y la comprensión

Con el inicio del próximo curso escolar, muchas niñas y niños en acogida o adopción se enfrentan nuevamente al reto de adaptarse a un entorno que, aunque rutinario para otros, puede ser desafiante y confuso para ellos.
La escuela representa para ellos un escenario complejo, donde se activan viejas heridas, miedos invisibles y muchas veces, conductas difíciles de comprender.
Necesitan vínculos seguros para poder aprender
El impacto de la adversidad temprana en la vivencia escolar
Estos niños y niñas suelen llegar con una historia de adversidad temprana: experiencias de negligencia, abuso, rupturas vinculares o abandono. Estos eventos no solo han dejado huella en sus emociones y en su desarrollo, sino también en la forma en que interpretan el mundo, las normas, los límites y las relaciones.
Charo Blanco, psicóloga especializada en traumaterapia sistémica infantojuvenil, señala que «el trauma complejo genera un estado de «modo supervivencia» que interfiere en la adaptación escolar y en la construcción de identidad. Los niños y niñas pueden presentar problemas de aprendizaje, desregulación emocional, dificultades en el modelo de trabajo interno y para establecer vínculos. Lo más perceptible en el entorno escolar son las dificultades que manifiestan en las funciones ejecutivas, una serie de capacidades cognitivas que le permite centrar, pensar, reflexionar, planificar y responder acorde a una situación».
La mayoría de niños y niñas están convencidos de que no son merecedores de amor, de que son torpes y no son capaces de enfrentarse a los retos diarios. Han integrado esta visión negativa de sí mismo de una manera muy profunda porque no han sido protegidos.
El trauma mantiene al niño en «modo de supervivencia» e interfiere en su adaptación escolar y en la construcción de su identidad
La representación que tienen de los demás está también muy relacionada con esta visión de sí mismo. No esperan nada o casi nada de los demás, no confían en los demás. Una representación interna de los demás que tiene muchas carencias y no se sienten con la seguridad para demandar lo que necesitan.
Por eso, la escuela puede activar muchas de sus inseguridades. Aunque por fuera parezcan tranquilos o adaptados, muchos están en alerta constante. Pueden tener miedo al rechazo, problemas para confiar en adultos, dificultades para autorregularse o una baja tolerancia a la frustración. La escuela, con sus normas, sus grupos, sus exigencias y su ritmo, puede ser un espacio muy estresante.
Necesitan vínculos seguros para poder aprender
Antes de poder aprender, relacionarse o disfrutar del entorno escolar, estos niños y niñas necesitan sentirse seguros. Necesitan personas adultas que miren más allá de la conducta. Cuando un niño o niña se siente visto, comprendido y protegido, puede relajarse, explorar, aprender y relacionarse. La familia acogedora o adoptiva es su base segura, y con vuestra demostración de cariño, disponibilidad y sensibilidad, les estáis ofreciendo la posibilidad de reconstruir su confianza en el mundo. La tarea no es fácil y los resultados no son siempre inmediatos. «Estamos hablando de un esfuerzo importante con estos niños y niñas que necesitan una completa realfabetización emocional» , subraya Jesús Palacios, catedrático de psicología evolutiva.
Claves para acompañar desde el vínculo y la compresión
Anticipar, nombrar, preparar
La anticipación reduce la ansiedad. Hablarles sobre el nuevo curso, quién será su maestra/o, qué rutinas habrá, visitar el colegio si es posible… todo eso les ayuda a situarse y prever lo que ocurrirá. Los niños y niñas con trauma necesitan saber “qué va a pasar” para no sentirse en peligro.
Establecer una comunicación abierta con la escuela
Habla con el centro educativo antes del inicio del curso y acordar estrategias comunes para facilitar su adaptación. No hace falta contar toda la historia del niño o niña (vulnerando su intimitad), pero sí es importante que el equipo docente sepa que se trata de una situación de acogida o adopción, y que puedan tener una mirada más comprensiva y flexible ante posibles dificultades.
Mentalizar y validar sus emociones
Tal vez llore, se niegue a entrar, se enfade o diga que odia el colegio. Muchas veces es la expresión de una emoción más profunda: miedo al abandono, a no ser capaz, a no pertenecer. Y como nos recomienda Blanco, acompáñale con frases como: “Sé que es difícil, estoy contigo”. Es normal que tengan miedo, rabia o tristeza, aunque no siempre puedan expresarlo con palabras. Lo importante no es evitar que sientan, sino ayudarles a comprender lo que sienten y a sentirse acompañados en ello. La experta nos habla de la mentalización en el contexto de la crianza como «la capacidad de los padres para entender los estados mentales (pensamientos, sentimientos, intenciones) propios y ajenos, en particular de sus hijos. Esta habilidad es fundamental para acompañar al niño o niña en la construcción de su propia historia y desarrollar una comunicación segura y empática que permita al niño o niña expresar y elaborar sus experiencias en lugar de quedarse atrapado en un «batiburrillo» de recuerdos traumáticos». Debemos conectar con sus dificultades para entender la mente del niño o niña. Con frases como «yo me imagino lo que has debido de pasar en tu vida, me imagino cómo has debido sentirte, cómo has debido sufrir y lo qué has debido de hacer para sobrevivir en esa situación. En base a eso que yo me imagino, voy a ayudarte a reconstruir esa historia en tu cabeza».
Rutinas estables y acompañamiento diario
Despertarse a la misma hora, desayunar juntos, tener momentos tranquilos antes de salir… Las rutinas no solo organizan el tiempo, también contienen emocionalmente. Un entorno predecible disminuye el estrés.
Celebrar los pequeños logros
No esperes grandes avances inmediatos. Si logra quedarse en clase un ratito más, si hace un dibujo para su profe, si expresa lo que siente… eso es enorme. Reconocer sus logros fortalece su autoestima y les da confianza para seguir intentándolo.
«Necesitan una completa realfabetización emocional»
Tener paciencia y mirada comprensiva
La adaptación no es lineal. Puede haber avances y luego recaídas. Lo importante es mantener una mirada empática, sabiendo que muchas veces su conducta es una forma de comunicar lo que aún no pueden decir.
La alianza entre familia acogedora y escuela: un pilar clave
Una de las cosas más potentes que podemos ofrecer a estos niños y niñas es la coherencia entre los adultos que los cuidan. Si familia y escuela se comunican, comparten estrategias y tienen una mirada común, el niño y la niña se siente más protegido. De lo contrario, puede sentirse dividido, confundido o incluso culpable por lo que le pasa.
La conducta es una forma de comunicación
A veces, la conducta desafiante es la única manera que estos niños y niñas tienen para expresar lo que no saben poner en palabras. En lugar de preguntar “¿Qué le pasa?” o “¿Por qué se porta así?”, tal vez podamos empezar a preguntarnos: “¿Qué necesita para sentirse seguro?”
Con unos padres y madres terapéuticos, que saben entender sus dificultades, estos niños y niñas «saldrán adelante», afirma Charo Blanco.
Como familia acogedora o adoptiva, ya estás haciendo algo inmenso: ofrecer un hogar, un vínculo, una base segura desde donde sanar. Si a eso sumamos una adaptación escolar respetuosa y paciente, estamos ayudando a construir un camino muy valioso hacia su bienestar. El vínculo que ofreces es su base para crecer, sanar y aprender.
Gracias por estar, por sostener, por mirar más allá de la conducta y por acompañarlos con respeto y ternura en cada paso.
Bibliografía
Palacios, J., (2023). El apego en el acogimiento familiar. www.escueladefamiliasadoptivas.es/apego-en-acogimiento-familiar
Blanco, Ch.,(2025). Entrevista: «El trauma complejo mantiene al niño en modo supervivencia». soundcloud.com/escueladefamilias/sets/entrevista-charo-blanco
Bowlby, J. (1988). Una base segura: Aplicaciones clínicas de una teoría del apego. Paidós.
Barudy, J., & Dantagnan, M. (2005). Los buenos tratos a la infancia: Parentalidad, apego y resiliencia. Barcelona: Gedisa.
Perry, B. D., & Szalavitz, M. (2017). El niño al que criaron como un perro y otras historias de un psiquiatra infantil sobre lo que los niños traumatizados pueden enseñarnos sobre la pérdida, el amor y la curación. Editorial Eleftheria.
Siegel, D. J., & Bryson, T. P. (2012). El cerebro del niño: 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo. Alba Editorial.
Van der Kolk, B. A. (2015). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Eleftheria.


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