En la llegada a casa del niño o niña adoptado o acogido hay dos perspectivas distintas; una es la de la familia que ve culminado su deseo de maternidad y/o paternidad, y otra distinta es cómo lo vive ese niño o niña. He tratado de aglutinar en este espacio1 los temas que más os preocupan a las familias, incluyendo ambas percepciones, y mencionar algunas cuestiones que los profesionales a veces olvidamos porque creemos que son menos importantes, como el mantener el nombre que el niño o la niña trae, saber el nombre de sus hermanos o cómo se le llama a la madre biológica, la mamá que te tuvo en la barriga, la madre que te dio la vida.

Cuál es el rol que quiero representar en la vida de ese niño o niña

Los padres y las madres adoptivos o acogedores tienen que hacer un trabajo previo antes de la llegada del niño o la niña a sus vidas. Reflexionar sobre cuál va a ser su función o cuál es el papel que quieren representar en la vida de ese niño o niña, y en base a eso decidir si quieren ser acogedores o padres adoptivos. Y en el momento que decido cuál va a ser mi rol tengo que elaborar mi propia historia de vida, reflexionar sobre qué es lo que me lleva a tomar esa decisión. Cuando en mis inicios profesionales valoraba a familias para la adopción, la infertilidad no resuelta era algo que está muy presente. En el caso de que seamos una familia acogedora tenemos que hacer el mismo proceso de elaboración sobre qué es lo que nos lleva al acogimiento, qué función es la que queremos desarrollar con estos niños o niñas y qué es lo que supone para nosotros la presencia de la familia biológica.

Sobre el cambio de nombre

Cuando me preguntan si es importante mantener el nombre del niño o niña en adopción internacional mi respuesta es que ‘es absolutamente necesario’, no me cabe ninguna duda. Lo único que le queda de su historia pasada es su nombre y si estamos precisamente trabajando su historia de vida, acompañando y reparando, tenemos que intentar por todos los medios mantener su nombre.

Muchos padres y madres me dicen, ‘es que el nombre es impronunciable’. Pues no importa, le ponemos de primer nombre él que decidamos, pero el segundo nombre será el suyo y estará siempre ahí presente. Algunos habéis preguntado, debo decirle cuál era su nombre aunque sea muy pequeño. Claro, y que lo vea escrito y leérselo. No todos los días evidentemente, pero tiene que estar presente, que le suene cuál era su nombre antes de llegar a nuestra familia.

La familia biológica

Es fundamental el papel que padres y madres adoptivos den a la madre biológica, cómo la tengan presente y cómo la representen y se la imaginen porque esta será la forma en la que se la transmitan al niño o niña. Tenemos que trabajar qué es lo que supone para nosotros la presencia de la familia biológica, tanto en la familia acogedora como en la adoptiva. Es muy importante que lo hayamos elaborado porque de ello va a depender cómo lo abordemos con nuestros hijos e hijas.

Me han preguntado muchas veces ¿cómo le llamado a su otra mamá?, no sé qué nombre ponerle. Esa figura que representa a la madre biológica resulta incómoda. Cuando nosotros mismos no sabemos cómo nombrar algo, difícilmente vamos a buscar el término adecuado para que el niño pueda decirnos ‘pues mi otra mamá, la mamá que me tuvo en la barriga’, como quiera llamarla. En esa elección de cómo el niño quiera nombrar a su madre biológica, jugáis un papel fundamental y para eso tenéis que tener elaborado un discurso.

Los niños y niñas que van a una medida de acogimiento familiar tienen presente la figura de la familia biológica y a veces, tras la visita con su familia, algo se remueve y les deja mal un tiempo.

Debéis explicarles por qué no pueden convivir con su familia biológica, tenéis que tener elaborado un relato basado en la sensatez y el sentido común, adaptado a la edad y madurez de cada niño o niña.

Para el niño o la niña que viene a vuestra familia el vincularse significa que deja atrás el otro vínculo, a la otra familia de origen, que es lo que hasta ahora ha conocido. El soltar lastre y dejar atrás su pasado le ocasiona, en la mayoría de los casos, un conflicto de lealtad. Por ello la forma en que se les hable de su familia y de su historia es súper importante.

El hecho de que vuestros hijos o hijas no hablen de su familia biológica no significa que no esté en su cabeza. Es más, yo os diría que, a determinada edad, en la mayoría de los casos, está siempre presente, otra cosa es que quieran compartirlo y quieran ponerle palabras.

Cómo hablar de esos recuerdo dolorosos

Hay una forma simple de explicarles, cuando ya tienen un desarrollo evolutivo y están preparados, que sus papás y mamás no supieron cuidarles, no supieron ejercer de papá y de mamá. Nunca justificando lo que pasó, porque hay historias muy duras de abuso sexual y de agresiones físicas que nunca debemos dar por buenas. Debemos contarles qué es lo que pasó y por qué pasó, decirles que sus papás probablemente pasaron por situaciones muy difíciles y muy duras y nadie les enseñó a cuidar de niños, nadie les enseñó nunca a ser padres y madres.

Con niños y niñas pequeños es difícil mantener una conversación donde se pongan en pie recuerdos y donde podamos explicarles qué debió de ocurrir, pero sí podemos hablarles de sus hermanos, de la otra mamá, ‘la que lo tuvo en la barriguita’. Estas son cuestiones fundamentales que desde el primer día se deben ir abordando.   

Debemos conectar con sus dificultades para entender, en aquel momento, la mente de tu hijo o hija. Esto ya denota una buena capacidad mentalizadora. La mentalización parental va más allá de la empatía. Es decir ‘yo me imagino lo que has debido de pasar en tu vida antes, me imagino cómo has debido sentirte y cómo has debido sufrir, qué has debido de hacer para sobrevivir en esa situación‘ y en base a eso que yo me imagino, voy a ayudarte a reconstruir esa historia en tu cabeza. Eso es la mentalización. Pero si cuando no habla de algo preferimos que sea así, porque para nosotros es más cómodo, y lo justificamos con expresiones como ‘es que no está preparado, todavía no es el momento‘, estamos interrumpiendo un proceso de elaboración de su historia en la mente del niño o niña.

Muchos niños y niñas tratan de olvidar, de no pensar en esos recuerdos dolorosos ‘no quiero pensar en esto, por favor no recordarme eso, vamos a dejar eso ahí quieto‘. Esto no es bueno y vosotros tenéis que ser ese nexo que tira del hilo y promover la comunicación

Incitar para que puedan poner palabras a lo que sienten e iniciar siempre la comunicación en primera persona, con el siguiente monólogo: ‘me imagino que las cosa que pasaron, me imagino que los recuerdos que tienes en tu cabeza a veces te producen tristeza, te hacen sentirte nervioso, a veces te hacen sentir mal, porque yo creo que han debido pasarte cosas muy malas. Cuando tú quieras hablar de eso, cuando estés preparado, cuando te vengan recuerdos y quieras compartirlos nosotros vamos a estar aquí’. El niño por sí mismo no va a ser capaz de iniciar la comunicación ni de elaborar un relato cronológico de lo que le pasó, no lo sabe. Ni tiene las herramientas adecuadas porque en su cabeza todo es como un ‘batiburrillo’ de recuerdos traumáticos.

Cómo construyen sus recuerdos

En muchos de estos niños y niñas existen procesos disociativos, su mente se ha desconectado de la realidad cuando están en una situación de desprotección y han sufrido malos tratos. Y en esos procesos de desconexión disociativos se construyen recuerdos que no son verdaderos, que no ocurrieron nunca, pero están en su mente. Las familias tenéis que explicarles que hay cosas en su cabecita, que están ahí guardadas, que algunas de ellas sí ocurrieron y otras no.

A veces estos recuerdos se construyen en sentido positivo y otras en negativo. He escuchado historias terribles: a mí me pegaban, me amaraban, y no eran verdad, pero el niño la había magnificado. Y otras, en el sentido contrario, inventarse ‘un cuento de Disney’, una historia rosa: a mí me cuidaban, me querían y recuerdo que me compraban juguetes. Es peligroso que los niños y las niñas construyan recuerdos que no son ciertos. Cuando sepáis a ciencia cierta que no son verdaderos tenéis que intentar transformarlos a lo más aproximado de lo que realmente sucedió.

¿Cómo relatamos su historia?

Puede que no sepamos realmente si su mamá no se cuidaba, si fue un embarazo no deseado, y lo que no sabemos no debemos inventarlo. Si acaso fantaseamos y elaboramos una hipótesis de lo que pudo sucederle, tiene que ser siempre en sentido positivo. Nunca debemos enmascarar esa realidad, ni mentir.

Mi experiencia clínica me demuestra que el contenido de la historia que nosotros le relatamos al niño tiene que ser siempre en sentido positivo: ‘si aquello pasó fue por algo, si tu saliste de esa familia y tuviste que dejar de vivir con tu mamá fue por algo, y fue por algo bueno porque hoy estás bien, estás en un entorno de protección donde te queremos y te cuidamos. Luego aquello tuvo que pasar por algo. Fue triste que aquello pasara, ojalá no hubiera ocurrido, porque todos los niños merecen ser cuidados y atendidos y protegidos, pero aquello pasó hoy tenemos que repararlo’.

No transmitir nunca un mensaje negativo, algo que es definitorio; ‘tu madre no se cuidó, tu madre consumió sustancias’ porque ellos sienten que hay un destino, algo inamovible: ‘mi madre consumió drogas, entonces yo soy hiperactivo, TDAH, soy muy nervioso, es que no puedo pensar bien, es que no puedo leer porque mi madre consumió tal, porque como mi madre no deseó que yo naciera’.

Estos relatos que los niños han escuchado y han integrado no les aporta nada positivo. Es muy importante que nunca utilicéis expresiones como ‘tu madre de nacimiento no supo cuidarte en su barriga, y esto tienen que ver con tu comportamiento, con tu falta de control‘. Atribuir una causa efecto directa entre lo que hizo su madre biológica, cuando lo tenía en la barriga, y el comportamiento del niño es arriesgado. Todo lo que al niño le suene a inamovible, que le viene por herencia tiene para él mucho peso. El niño entiende que hay una atribución directa, algo pasó antes, cuando yo estaba en la barriga, por tanto, eso es inamovible, no hay posibilidad de cambio, ni de superación.

Charo Blanco es psicóloga y terapeuta infantil. Este post es un resumen del encuentro con familias adoptivas y acogedoras que se llevó a cabo durante el curso 'Acompañar a nuestros hijos e hijas en la construcción de sus historias de vida', en su sexta edición.