Acompañar a un adolescente es uno de los mayores retos y, a la vez, una de las oportunidades más transformadoras en la vida familiar. A pesar de ser una etapa que puede ser percibida como problemática, la adolescencia representa un periodo de reorganización neurobiológica, emocional y social que requiere presencia, comprensión y un estilo de acompañamiento específico.
Cuando las familias comprenden lo que ocurre en el interior del joven, se reduce la sensación de frustración mutua y se abre un espacio de encuentro donde puede crecer la confianza, la calma y la seguridad emocional.
