El camino de un niño hacia la resiliencia: La evidencia científica que respalda la importancia de las relaciones afectivas propicias en el desarrollo de la niñez y juventud

Las relaciones estables y de apoyo son fundamentales para el crecimiento emocional, cognitivo y social de la niñez.  La arquitectura del cerebro se moldea mediante la interacción entre la genética y las experiencias tempranas, formando millones de conexiones o sinapsis. Debido a la neuroplasticidad, el cerebro mantiene su capacidad de adaptarse y sanar a lo largo de toda la vida. La resiliencia se define como una capacidad cultivable, no un rasgo innato. El factor más determinante para su desarrollo es la presencia constante de una persona adulta sensible y cariñosa. Las intervenciones informadas en trauma demuestran que, gracias a la plasticidad cerebral, nunca es demasiado tarde para la recuperación. Los enfoques informados en traumas pueden ayudar a las niñas, niños, adolescentes y jóvenes que han sufrido adversidades a recuperar la confianza en sí mismos y en los demás.

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Renovando Desde Dentro. ¿Oportunidad o más sufrimiento? Los centros educativos ante las medidas de protección

En este artículo se exploran algunas claves básicas para mejorar la comprensión de las situaciones de los niños, niñas y adolescentes con medidas de protección, como marco general para que los centros educativos sean entornos seguros y protectores y que garanticen su bienestar en el mismo nivel que para el resto del alumnado, para sean una oportunidad de una vida mejor, y no más sufrimiento.

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El trauma relacional temprano: la huella de la adversidad temprana en la mente y la conducta

Un breve relato del impacto de la adversidad durante la infancia. Las imágenes han sido creadas con inteligencia artificial.
Charo Blanco

El niño y la niña crece bajo la mirada de un adulto. Si esa mirada es de aprobación y de refuerzo, el niño crecerá seguro de sí mismo y sintiéndose merecedor del amor que recibe. Por el contrario si esa mirada es inquisidora, de desaprobación o de indiferencia, crecerá sintiéndose poco valioso y no confiará en las personas ni en las relaciones.

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El niño necesita una relación jerárquica con unos adultos previsibles y cuyo mensaje sea siempre de permanencia y de disponibilidad emocional y física hacia él.

La adversidad temprana es un conjunto de vivencias traumáticas en la infancia, proporcionadas por los adultos responsables de cuidar del niño o niña, bien por acción, como la violencia conyugal, o bien por omisión, despojando al niño del cuidado y la atención que necesita.

La consecuencia de la adversidad temprana es el trauma relacional temprano o trauma complejo, en forma de huella que queda tanto en la mente como en la conducta. Esto va a condicionar el mundo interno del niño, la percepción que tiene de sí mismo, la percepción que tiene de lo demás y, sobre todo, la percepción que tiene de la relación con los demás.

Las conductas desreguladas, la falta de autorregulación, las dificultades en el apego y en la creación de vínculos seguros en el niño o niña, son la prueba de que existe una memoria traumática donde los recuerdos, a veces explícitos y otras implícitos, controlan su comportamiento de manera inconsciente. El niño sigue actuando de la misma manera que cuando estaba sometido al peligro, al desamparo.

Este tipo de conductas en modo supervivencia son las que más desconciertan a las familias, porque los menores siguen poniendo en práctica estrategias defensivas: rabietas, retos, agresiones, etc. La explicación a esto es que les cuesta integrar que en el presente ya no las necesitan porque están en un entorno seguro.

El niño no es malo, no se porta mal; siente miedo y se defiende de peligros del pasado, inexistente en el presente. Su mayor miedo es a las relaciones con los adultos, hasta comprobar que estos no volverán a dañarle.

Los mensajes de permanencia son los que necesitan estos niños y niñas cuando están más desregulados, frases del tipo: “tranquilo, estoy aquí, estoy contigo y no me voy a ir; confía en mí, que yo te ayudaré”.

Los niños temen, sobre todo: el rechazo, el abandono y ser dañados de nuevo.

Encolerizar a las personas adultas es su forma de ponerlos a prueba, de comprobar si estarán ahí para ellos o volverán a abandonarles. Los niños temen, sobre todo: el rechazo, el abandono y ser dañados de nuevo.

Las rutinas predecibles le proporcionan al niño una sensación de control y estabilidad. Es conveniente hacer una planificación de rutinas diarias que se le irán explicando de forma reiterada y con antelación. De esta forma, el niño irá integrando sensación de seguridad.

Las familias adoptivas y acogedoras ejercen una parentalidad terapéutica y reparadora, que son la base de la creación de seguridad interna en los niños y, en definitiva, de vínculos sanos y estables.

 

Charo Blanco es psicóloga y terapeuta infantil, especializada en traumaterapia sistémica infantojuvenil.

Fuente de la infografía: Blanco CH., 2026. Trauma relacional temprano o trauma complejo.

Vinculación emocional y apego en niños maltratados. Consecuencias de la negligencia emocional en la infancia

La capacidad y el deseo de formar relaciones emocionales esta relacionado con la organización y el funcionamiento de partes específicas del cerebro humano. Así como el cerebro nos permite ver, oler, degustar, pensar, hablar y movernos, es el órgano que nos permite amar – o no. Los sistemas en el cerebro humano que nos permiten formar y mantener relaciones emocionales se desarrollan durante la infancia y los primeros años de vida. Las experiencias durante este período temprano y vulnerable de la vida son fundamentales para la formación de la capacidad para formar relaciones íntimas y emocionalmente saludables. La empatía, la compasión, la generosidad, la inhibición de la agresión, la capacidad de amar y una serie de otras características de una persona sana, feliz y productiva están relacionados con las capacidades centrales de apego que se forman en la infancia y la primera infancia.

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La adopción de un niño severamente maltratado

Este artículo muestra, desde la experiencia de la autora, la problemática que deben enfrentar estas familias adoptivas de niños y niñas severamente maltratados y algunas formas de intervención en dichos contextos. El trabajo con niños que han sufrido malos tratos implica un abordaje integral. La prioridad recae en intervenir desde el contexto del niño, conociendo las implicancias que ha tenido para ellos el impacto traumático.

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