El texto subraya que el acogimiento no debería ser un recurso de espera, sino una intervención relacional con finalidad reparadora. Para que cumpla esa función, no basta con el compromiso de la familia acogedora: es necesario un trabajo conjunto con profesionales y una organización que coordine y sostenga adecuadamente todo el proceso.
Autor Fina Marín Vega
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Cuando la conducta es supervivencia: Comprender el trauma relacional temprano en la escuela
El espacio escolar constituye uno de los principales desafíos para los niños y niñas adoptados y acogidos, así como para sus familias. Con frecuencia, estos niños, niñas y adolescentes inician su trayectoria educativa en una situación de clara desventaja, como si se les exigiera competir en un nivel de desarrollo superior al que correspondería a su edad cronológica y madurativa.
Un alumnado con necesidades específicas que presenta dificultades derivadas de experiencias adversas en los primeros años de vida
Para muchos de estos niños y niñas el colegio puede ser un auténtico campo de batalla. No porque no quieran aprender, sino porque parten de una situación de desventaja. Se trata de un alumnado con necesidades específicas que presenta dificultades derivadas de experiencias adversas en los primeros años de vida y que a menudo no son fácilmente reconocidas en el entorno educativo.
El impacto del trauma relacional temprano
Las experiencias adversas infantiles, como el maltrato, pueden alterar el desarrollo cerebral, afectar al estado emocional y dificultar el aprendizaje. Este tipo de trauma se denomina trauma relacional temprano o trauma complejo porque el daño se produce en el contexto de las relaciones de apego primario, es decir, con las personas que deberían haber proporcionado protección y cuidado.
Cuando un niño o una niña ha vivido este tipo de experiencias, su organismo puede permanecer en un estado de alerta constante o modo supervivencia. La sensación de peligro y desprotección se vuelve persistente. Además, la adversidad temprana influye en la imagen que el niño y la niña construye de sí mismo y de los demás: puede sentirse poco valioso, incapaz o torpe, desconfiar de los otros y no esperar recibir apoyo.
Las funciones ejecutivas y el aprendizaje
Una de las principales explicaciones de las dificultades escolares que presentan muchos de estos niños y niñas se encuentra en las alteraciones de las funciones ejecutivas. Las funciones ejecutivas son procesos cognitivos de alto nivel que permiten regular la conducta, planificar, inhibir impulsos, mantener la atención o adaptarse con flexibilidad a nuevas situaciones. Estas capacidades resultan esenciales para el aprendizaje y para la adaptación al entorno escolar.
Su organismo puede permanecer en un estado de alerta constante o modo supervivencia.
Su desarrollo depende en gran medida de la maduración de las áreas prefrontales del cerebro. En niños y niñas que han sufrido trauma relacional temprano, este desarrollo puede verse comprometido debido a la falta de estimulación afectiva adecuada, la ausencia de sintonía emocional y la carencia de adultos sensibles que hayan facilitado procesos tempranos de corregulación. Como resultado, suelen presentar mayores dificultades para adaptarse a las exigencias del entorno escolar que al contexto familiar.
Cuando la escuela se percibe como un entorno amenazante
Para muchos de estos niños y niñas, la escuela puede convertirse en un entorno altamente demandante e incluso amenazante. Permanecer sentados durante largos periodos, seguir normas implícitas de convivencia o mantener una autorregulación constante supone un reto considerable cuando existen dificultades en la atención y el control de impulsos.
A ello se suma una historia vital marcada, en muchos casos, por experiencias acumuladas de adversidad: maltrato en la familia de origen, cambios repetidos de cuidadores y, posteriormente, la incorporación a una familia adoptiva o de acogida.
Esta carga emocional puede interferir directamente en la capacidad del niño o niña para concentrarse en tareas académicas básicas, como la lectoescritura o el razonamiento matemático. La dificultad no radica únicamente en la motivación o en la voluntad de aprender, sino también en las limitaciones neuropsicológicas para organizar, planificar y sostener el esfuerzo cognitivo.
El papel del estrés temprano
Otro factor relevante es la activación crónica del sistema de respuesta al estrés. Diversos estudios muestran que muchos de estos niños y niñas presentan niveles elevados de hormonas del estrés, como el cortisol o la adrenalina, desde etapas muy tempranas del desarrollo, incluso desde el periodo prenatal.
La exposición prolongada a estas hormonas puede dificultar la regulación emocional y conductual.
En el contexto escolar, esta hiperactivación suele manifestarse en forma de hipervigilancia, dificultades para mantener la atención o escaso control de impulsos. Estas conductas pueden interpretarse como disruptivas: invasión del espacio personal de los compañeros, deterioro del material escolar, respuestas desafiantes hacia el profesorado o abandono del aula.
Dificultades en la regulación emocional y la integración social
Muchos de estos niños, niñas y adolescentes presentan dificultades significativas en la regulación emocional, que pueden expresarse mediante rabietas intensas, cambios bruscos de estado de ánimo o conductas desorganizadas. Si estas manifestaciones no se comprenden desde una perspectiva sensible al trauma, pueden interpretarse erróneamente como problemas de conducta.
Un número importante de niños y niñas adoptados y acogidos tienen dificultades para integrarse socialmente en la escuela. Más allá de los aprendizajes académicos, pueden experimentar obstáculos para establecer relaciones con sus compañeros y sentirse parte del grupo, lo que aumenta el riesgo de aislamiento y puede reactivar vivencias previas de abandono.
La alianza entre familia y escuela
En este contexto, la elección del centro escolar adquiere un papel importante. Resulta recomendable valorar la filosofía educativa, la organización del aula y las prioridades pedagógicas del centro. Los colegios centrados exclusivamente en el rendimiento académico y la evaluación normativa suelen ofrecer menos apoyo a este tipo de alumnado. En cambio, los centros que priorizan el clima emocional, utilizan metodologías cooperativas y cuentan con recursos para la atención individualizada suelen proporcionar entornos más favorables para su desarrollo.
Estos niños y niñas requieren una mirada educativa sensible al trauma y centrada en el desarrollo emocional.
Ante esta realidad, la colaboración entre la familia y la institución educativa resulta esencial. Es fundamental construir una relación de alianza con el profesorado, los tutores y los equipos directivos basada en una comprensión compartida de la historia del niño o niña y de sus necesidades específicas. Más que cuestionar la labor del centro, el objetivo es ofrecer información, sensibilizar y aportar pautas que favorezcan la corregulación emocional: asignar roles estructurados, proponer tareas con sentido o facilitar espacios de calma cuando aparece el desbordamiento emocional.
La escolarización de niños y niñas con historia de trauma relacional temprano es un proceso complejo que requiere una mirada educativa sensible al trauma y centrada en el desarrollo emocional. Las familias necesitan acompañamiento especializado y los centros educativos requieren formación y recursos adecuados para responder de manera ajustada a las necesidades de este alumnado.
Referencias Bibliográficas:
García, X. ; Hernández, A.; Larumbe, N.; Mirabent, V.; Plana, J.(2025). Propuestas para la Mejora de la Respuesta Educativa al Alumnado Adoptado o Acogido. Cómo Afrontar el Trauma Relacional Temprano. Amics dels Infants del Marroc (IMA); Asociación de Familias de Niños y Niñas de Etiopía (AFNE); Asociación de Familias Adoptantes Colombia y Petales España.
Benito, R. (2023). Consecuencias del maltrato infantil para el neurodesarrollo y su impacto en el entorno escolar. Revista de Neuroeducación Vol.4 Núm.1.
Blanco, Ch; (2025).El trauma complejo mantiene al niño en modo supervivencia. Escuela de Familias Adoptivas, Acogedoras y Colaboradoras.
Perry, B.D.( 2014). Cómo ayudar a los niños traumatizados. Una breve descripción para los cuidadores del niño.
Para Saber Más:
Escuelas Sensibles al Trauma
El papel protector de las destrezas de funciones ejecutivas en entornos de alto riesgo
Los estudios sugieren de manera coherente que la exposición a traumas o estrés crónico a temprana edad puede afectar el desarrollo de destrezas de funciones ejecutivas. Parece que estas destrezas proporcionan la base para la disposición escolar a través de la cognición y el comportamiento. Los niños con mejores destrezas de funciones ejecutivas asimilan más fácilmente la enseñanza. De hecho, en una muestra de alto riesgo, los niños con mejores destrezas de funciones ejecutivas al comienzo del jardín infantil mostraron mayores logros en lectoescritura y aritmética que los niños con destrezas iniciales más deficientes. Teniendo en cuenta que hay evidencias de la persistencia de brechas en logros y que éstas pueden incluso ampliarse a lo largo de los años escolares, es fundamental que los niños en alto riesgo empiecen la escuela con la base más sólida posible para tener éxito.
Uso de la tecnología en la infancia y adolescencia. Recomendaciones de la Sociedad Española de Psicología Clínica Infanto-Juvenil
El uso de la tecnología digital —como redes sociales, Internet, teléfonos inteligentes, ordenadores, videojuegos y juegos en línea— ha aumentado de forma notable en la última década, generando preocupación sobre su impacto en la salud y el desarrollo de niños, niñas y adolescentes. Aunque estas tecnologías pueden aportar beneficios educativos, comunicativos y de ocio, su uso excesivo, desregulado o cuando sustituye actividades esenciales puede relacionarse con problemas de sueño, dificultades de atención, afectación de la salud mental y conflictos en la convivencia familiar.
