Claves para regular nuestro lenguaje corporal

  • Acercarse progresivamente, guardando una distancia prudencial en la que el niño o niña se sienta cómodo. Ser intrusivos puede provocar bloqueos y estrés.
  • Darles tiempo para que se expresen con tranquilidad.
  • Establecer contacto ocular poniéndonos a su altura. Es una forma de decirle que nos interesamos por él o ella y que intentamos comprenderle.
  • Utilización de la mirada. La mayoría de las veces es reforzante y suele ser señal de implicación. Mostrar a los niños y las niñas a través de nuestra mirada, complicidad y cariño para que se sientan apoyados.
  • Buscar espacios y momentos de bienestar, calma y de calor afectivo para propiciar la relación en los encuentros con niños y niñas.
  •  Utilizar materiales que faciliten la comunicación en un entorno lúdico. Elementos como balones (para sentarse sobre ellos, lanzarlos…), pañuelos y telas (para esconderse, disfrazarse…), mantas de lana (para taparse, simular alfombras voladoras…), cubos grandes de madera (para que lo salten, lo utilicen como túneles…) entre otros mejorarán el diálogo gestual intuitivo entre el adulto y el niño o niña.
  • Reforzar a través de nuestra actitud física y nuestros gestos la aprobación y satisfacción ante los logros y avances del niño o niña.
  • No tener miedo al contacto físico cuando éste sea preciso para contener al niño o la niña consolarlo o para expresarle sentimientos positivos.

Claves para interpretar el lenguaje corporal de los niños y las niñas

  • La mirada: es la expresión física del mundo psicológico y emocional del niño o la niña. Cuando evitan el contacto ocular puede ser un indicador de falta de interés o puede ser una muestra de inseguridad.
  • El contacto físico afectivo: la expresión física del afecto o la búsqueda del contacto físico puede ser una manifestación espontánea de aproximación en niños y niñas. Este tipo de expresiones va a depender de la edad, la situación que viva y del grado de confianza que haya desarrollado en su relación con nosotros. Si aprendemos a ser sensibles a este tipo de señales, podemos aprovecharlas para fortalecer nuestra relación con el niño o la niña.
  • La voz: el tono, la modulación, la velocidad, etc., son muy importantes porque pueden transmitir seguridad y calidez o por el contrario rechazo o agresividad.
  • Expresiones y gestos: los componentes gestuales incluyen un abanico de acciones muy variado e informan del estado emocional del niño o de la niña. La sonrisa favorece las interacciones y es transmisora de aceptación y agrado. No obstante, hay que ser sensibles al resto de expresiones y en especial a la tristeza o la decepción. También conviene observar el tono vital y la energía que ponen en sus movimientos, gestos y expresiones.
  • Postura corporal: es la disposición del cuerpo a aceptar o a rechazar a otras personas durante la interacción. Está compuesta por la posición, la orientación y el movimiento del cuerpo.
    • Posición avanzada o inclinada: puede transmitir interés, predisposición positiva, apertura al diálogo. Actitud activa.
    • Posición desplazada o invertida: puede transmitir desinterés, temor, inseguridad, desconfianza, incredulidad. Actitud pasiva.
    • Orientación: es el ángulo con el que el cuerpo se dirige a los demás. Que el niño o la niña se sitúe de frente puede indicar implicación. En un lado puede indicar cooperación.
    • Movimiento del cuerpo: puede transmitir energía y dinamismo o pasividad y tranquilidad.

Habilidades y estrategias comunicativas

  • Escucha activa. Actitud que consiste no sólo en ser sensible al contenido verbal de lo que el niño o la niña cuenta, sino también en ser sensible y responder a las vivencias y las emociones que se esconden detrás de sus mensajes verbales y no verbales.
  • Empatía. Reconocer, distinguir y conectar con los sentimientos y los estados emocionales de los niños y las niñas nos ayuda a comprender mejor cómo se sienten en cada momento y puede ayudarles a sentirse valorados y apoyados.
  • Ser receptivos y tener paciencia. Hay que saber dar a los niños y las niñas el tiempo y, a veces, la distancia que precisan para que sean ellos mismos los que tomen la iniciativa o nos muestren el camino para seguir adelante.
  • Saber manejar los silencios. El silencio puede ser una buena manera de decirle al niño o la niña que estamos dispuestos a ceder la iniciativa, a escucharlo y aceptarlo y, por supuesto, a acompañarlo a lo largo de todo este proceso.
  • Mostrar aceptación. Es fundamental transmitir a los niños y las niñas un mensaje de aceptación incondicional acerca de su historia personal, su forma de afrontar las situaciones, su forma de pensar y actuar, etc,.. Implica fijarse en los aspectos positivos reconociendo los avances y el valor de dicho progreso sin censurar ni desvalorizar sus actitudes y sentimientos.
  • Sentido lúdico. Una de las mejores formas de acercarnos a los niños y las niñas en el trabajo de historia de vida es desarrollando una actitud lúdica. Jugar con diferentes materiales o con juegos de mesa, contarles anécdotas graciosas, cultivar la sorpresa, leer libros y ver películas cómicas o de risa y, también, gastar bromas pueden ayudar a crear un ambiente relajado y divertido que motive a los niños y las niñas y facilite la comunicación.
  • Creatividad e imaginación. Para el trabajo de historia de vida la creatividad y la imaginación son habilidades esenciales a la hora de idear nuevos escenarios de relación, adaptar las técnicas y las actividades, generar sorpresa en los niños y las niñas y atraer su interés y su motivación. Podemos crear cosas nuevas mientras jugamos, inventar juegos e introducir variantes, diseñar una obra de teatro, o trabajar con las manualidades adaptando nuestras propuestas a las preferencias de niños y niñas para intentar conseguir que se involucren en mayor medida

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