Las relaciones estables y de apoyo son fundamentales para el crecimiento emocional, cognitivo y social de la niñez. La arquitectura del cerebro se moldea mediante la interacción entre la genética y las experiencias tempranas, formando millones de conexiones o sinapsis. Debido a la neuroplasticidad, el cerebro mantiene su capacidad de adaptarse y sanar a lo largo de toda la vida. La resiliencia se define como una capacidad cultivable, no un rasgo innato. El factor más determinante para su desarrollo es la presencia constante de una persona adulta sensible y cariñosa. Las intervenciones informadas en trauma demuestran que, gracias a la plasticidad cerebral, nunca es demasiado tarde para la recuperación. Los enfoques informados en traumas pueden ayudar a las niñas, niños, adolescentes y jóvenes que han sufrido adversidades a recuperar la confianza en sí mismos y en los demás.
